Wolfmother y Ciclonautas

Infierno en Sevilla, aire acondicionado salvador y el vendaval sónico de Wolfmother: Crónica de una noche de locura en la Sala Custom

Soplete en vivo: Wolfmother y Ciclonautas en la Sala Custom, Sevilla, 21 de julio de 2026

Wolfmother en la Sala Custom

    Hay tardes en Sevilla donde el aire no se respira, se muerde. Tardes en las que el asfalto derretido te susurra que te quedes en casa con el aire acondicionado a 18 grados y una cerveza helada. Pero un auténtico fan del hard rock no se funde ni a tiros, joder. Ni con un soplete pegado a la nuca. Con un calor fuera de la Sala Custom que rozaba la combustión espontánea, los verdaderos creyentes nos amontonamos a las puertas del templo. Y antes de que la masa humana empezara a licuarse, hay que sacarse el sombrero y rendir un homenaje sincero a la gerencia de la sala: bajar aquella temperatura infernal a base de climatización y ventilación a máxima potencia fue un gesto de caridad cristiana. Sin esa bendición, la noche habría acabado en tragedia biológica; con ella, la Custom se convirtió en el refugio perfecto para el desmadre.

Ciclonautas
Ciclonautas en la Sala Custom
Ciclonautas en la Sala Custom

    La velada la abrieron los hispano-argentinos Ciclonautas, y qué manera de pelear. Romper el hielo ante una masa de gente que todavía venía atontada por el golpe de calor de la calle no es tarea fácil. Pero esta gente tiene un gusto musical exquisito y un oficio descomunal. Se subieron al escenario con unas ganas brutales de agradar, desplegando ese rock pedregoso, poético y grasiento que los caracteriza. Poco a poco, a base de distorsión elegante y ritmos bien asentados, consiguieron que el público fuera desperezándose, quitándose el bochorno de encima y respondiendo como la banda merecía. Cumplieron con creces: calentaron los motores del templo sin necesidad de subir un solo grado la temperatura del ambiente.

Tres chalados para parar un tren y algo más… ¡Qué locura!

Ciclonautas en la Sala Custom (Sevilla) - 21/07/2026
Wolfmother
Wolfmother en la Sala Custom
Wolfmother en la Sala Custom

    Y entonces se hizo la penumbra y el suelo comenzó a vibrar. Saltaron al escenario tres hombres. Solo tres. Pero la tralla, el volumen y la sobrecarga sensorial que salieron de los altavoces hicieron que aquello sonara como la Filarmónica del Apocalipsis.

A la cabeza, Andrew Stockdale ejerciendo de sumo sacerdote. El tipo es una estampa en sí mismo: ese look puramente setentero presidido por una mata de pelo afro —el mítico e inconfundible look «pelocho»— que parecía tener vida propia a cada sacudida de cabeza. De sus dedos salían los riffs más gordos, sucios y adictivos del planeta, mientras su voz rasgaba el aire como una sierra mecánica envuelta en pedales de efecto, octavadores y fuzz.

A su izquierda, la templanza hecha persona: el bajista y teclista James Wassenaar. Mientras el mundo a su alrededor se desmoronaba en un mar de sudor y mosh pits, el tío mantenía una calma estoica, marcando el pulso como un cirujano psicópata y saltando del bajo de cuatro cuerdas a los teclados psicodélicos sin despeinarse un solo pelo.

Y al fondo… el batería, Brett «Wolfie» Wolfenden. ¡Madre mía, qué absoluto flipado! Ese hombre no tocaba la batería: la agredía con alevosía y ensañamiento. Poseído por el espíritu de John Bonham puesto de anfetas, el tipo golpeaba los parches con una violencia visual que te hacía dudar si terminaría el concierto con los brazos pegados al cuerpo. Un espectáculo dentro del propio espectáculo.

Wolfmother en la Sala Custom
Wolfmother en la Sala Custom

    El repertorio que desplegaron los australianos fue una auténtica paliza de riffs icónicos, psicodelia bailable y dinamita setentera, estructurado con una precisión quirúrgica para no dejar a nadie con vida.

• «Dimension»: Arrancar con esta salvajada es una declaración de intenciones. Desde la primera nota del teclado y el posterior fuzz de guitarra, la Custom se vino abajo. Un golpe de puño en la mesa para decir: «ya estamos aquí».

• «Rock Out»: Manteniendo el pedal del acelerador a fondo, un tema de puro hard rock macarra que sirvió para enganchar los primeros pogo-saltos de la noche.

• «Woman»: Que soltaran su trallazo más icónico tan pronto fue un movimiento de genio. La sala se volvió loca. El riff de inicio desató la histeria colectiva y las gargantas de la Custom taparon por momentos la voz de Stockdale.

• «White Unicorn»: La pausa psicodélica y cósmica que la masa necesitaba antes de entrar en colapso. Ese desarrollo in crescendo, pasando del susurro a la explosión eléctrica, demostró la maestría de la banda para manejar la dinámica del espacio.

• «Apple Tree»: Ritmo endiablado, bajo aplastante y una batería que amenazaba con desmontar el escenario. Pura energía garajera.

• «California Queen»: Una lección magistral de cómo distorsionar una guitarra hasta que huela a goma quemada. El «pelocho» de Stockdale no paró de girar en todo el tema.

• «Feelin Love»: Groove pesado, cadencioso y denso. Un corte para contonearse y dejarse llevar por las capas de efectos que salían del teclado.

• «Victorious»: Himno moderno donde los haya. La respuesta del público fue brutal, coreando el estribillo como si nos fuera la vida en ello.

• «Gypsy Caravan»: Un viaje oscuro y denso. Aquí el bajista demostró por qué su presencia impasible es el pilar sobre el que se sostiene el caos de sus compañeros.

• «Colossal»: Honor a su nombre. Un tema gigantesco, pesado, casi stoner, con unos arreglos de bajo y guitarra que retumbaban en el estómago.

• «Mind’s Eye»: Uno de los momentos más lisérgicos de la noche, donde las atmósferas y los pedales de modulación convirtieron la Custom en un planeta lejano.

Wolfmother en la Sala Custom (Sevilla) -21/07/2026

    El clímax final fue un ejercicio de extorsión emocional mutua. La banda amagó con retirarse, pero la Custom era una caldera encendida que se negaba a dejar marchar a sus héroes. Los vítores, los pataleos y los aullidos retumbaron de tal forma que a los australianos no les quedó más remedio que salir al escenario hasta en tres ocasiones distintas para rematar la faena.

En esos bises de infarto, donde la banda jugó con la improvisación, el feedback y la distorsión pura, cayó la estocada final: «Joker & the Thief». Fue el éxtasis absoluto. Esa intro de guitarra punteada que todo el mundo reconoce al segundo desató una ola de sudor, empujones de hermanamiento y un coro unánime que terminó por desquiciar a cualquiera que aún conservara un gramo de cordura.

Salimos a la noche sevillana sudados, sordos, extasiados y con la certeza absoluta de haber presenciado un concierto de los que te reajustan las vértebras. Que le den al calor. ¡Larga vida al rock and roll y a la madre que parió a Wolfmother!

Francisco Javier Torres Gómez

¿Más crónicas de conciertos? En nuestra sección Soplete en vivo.

¡Hasta el próximo metal-sarao, metal splinters!

Texto y fotos: Francisco Javier Torres Gómez

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